EL PAIS › EL DEBATE DE LA INDEPENDENCIA
Independencia y soberanía popular
“Desde el siglo XIX, el mito de origen argentino está
asociado con dos conceptos muy fuertes: revolución e independencia. Por
supuesto, la noción de qué significa la independencia fue cambiando a lo
largo del tiempo y de acuerdo a quien la mirara”, sostiene Di Meglio.
Con esta entrega, concluye la serie sobre el Bicentenario de la
Independencia coordinada por Sergio Wischñevsky.
Por Gabriel Di Meglio *
Las crisis
son tan difíciles de vivir como interesantes para estudiar
retrospectivamente. Al igual que la de 2001, 1989 o 1930, por nombrar
algunas destacadas, la crisis de 1815-1816 tuvo grandes proporciones y
fuertes consecuencias. Una fue la declaración de la independencia de un
nuevo Estado: las Provincias Unidas en Sudamérica.
La “foto” feliz del 9 de julio no puede separarse de su contexto,
marcado en 1816 por perspectivas dramáticas para los revolucionarios.
Las monarquías absolutistas que vencieron a Napoleón en Europa
proclamaban que el mundo debía volver a 1789, antes de la Revolución
Francesa, y condenaban las repúblicas y las revoluciones. Los realistas
triunfaron sobre casi todos los espacios insurgentes en Nueva España
(México), Nueva Granada (Colombia), Venezuela y Chile. Solo quedaban en
pie los territorios rioplatenses, pero su economía estaba arruinada por
seis años de guerra y la ruptura de los circuitos comerciales. A la vez,
estaban divididos entre sí. La Liga de los Pueblos Libres encabezada
por Artigas proponía una organización confederal, mientras que las
Provincias Unidas dirigidas por Buenos Aires eran centralistas. Aún más:
dentro de las Provincias Unidas había divisiones, ya que Salta y
Córdoba habían dejado de obedecer a Buenos Aires y solo aceptaban
subordinarse al Congreso que debía reunirse en Tucumán. Finalmente, en
todas las provincias había grupos que rivalizaban con quienes gobernaban
cada una de ellas.El Congreso se planteó como un modo de salir de la crisis. Si bien no logró –hubo gestiones fallidas– que los territorios artiguistas aceptasen participar en él, por su desconfianza hacia la política de Buenos Aires, sí pudo intentar una reorganización de las Provincias Unidas. Para ello se planteó cinco objetivos.